Eliza Labs, valorizada en 2,5 mil millones de dólares, acusa a X Corp de haber copiado sus trabajos en IA antes de suspender sus cuentas y las de su fundador Shaw Walters.
X habría exigido una licencia API ‘Enterprise’ de 50,000 dólares al mes, y ante la negativa de Eliza, habría orquestado su exclusión de la red.
Este juicio ilustra la relación de fuerza entre startups y grandes plataformas, y podría convertirse en un símbolo para los ecosistemas open-source y Web3.
Una startup de IA frente al gigante de Musk
Eliza Labs, creadora del protocolo open-source elizaOS valorado en 2,5 mil millones de dólares, ha presentado una demanda contra X Corp. La startup estadounidense acusa a la plataforma de Elon Musk de haber utilizado su posición dominante para apropiarse de su trabajo, para luego expulsarla abruptamente de la red social.
Detrás de este conflicto, una acusación grave: X habría lanzado sus propios productos de inteligencia artificial basándose en información técnica obtenida de Eliza, para luego suspender la cuenta de la compañía y la de su fundador, Shaw Walters.
Una factura considerada ‘exorbitante’
El caso se origina en una presión financiera. Según la demanda presentada el miércoles ante el tribunal federal de San Francisco, X habría intentado obligar a Eliza a adquirir una licencia ‘Enterprise API’ de 50,000 dólares al mes, es decir, 600,000 dólares al año. Ante la negativa a pagar tal suma, la sanción fue drástica: la desaparición directa de sus cuentas.
Para Eliza, no se trata solo de una disputa comercial, sino de una ‘maniobra fraudulenta y anticompetitiva’ destinada a drenar tanto datos técnicos sensibles como dinero.
Los desafíos detrás de la batalla
El momento no es casual. Desde hace meses, X ha estado haciendo anuncios sobre sus agentes IA integrados en la plataforma. En abril, Eliza acababa de revelar su propia herramienta: un launchpad no-code que permite a cualquier usuario crear agentes autónomos sin escribir una sola línea de código. Una innovación que, según los inversores, tenía el potencial de cambiar las reglas en la carrera por la IA generativa.
La exclusión repentina de Eliza Labs plantea una pregunta central: ¿X realmente quiere ser una plataforma abierta a la competencia, o busca cerrar su ecosistema para mantener el control sobre la nueva ola de ‘AI agents’?
Un impacto mucho más allá de la IA
Este caso va más allá del simple conflicto entre dos empresas. Pone de relieve el poder desmesurado de las grandes plataformas en las que dependen miles de startups. Una suspensión de cuenta puede significar, de la noche a la mañana, la pérdida de acceso a millones de usuarios y a un mercado vital.
En el mundo cripto y Web3, donde la filosofía open-source y descentralizada es el núcleo de los proyectos, este juicio podría convertirse en un símbolo. La forma en que la justicia decida podría influir en la confianza de los desarrolladores en los ecosistemas controlados por gigantes privados como X.
Próximo episodio: la justicia estadounidense
El tribunal federal tendrá ahora que determinar si las prácticas denunciadas por Eliza constituyen un abuso de posición dominante o una estrategia comercial legítima. Una decisión que podría tener un gran peso, no solo en el futuro de Eliza Labs, sino también en la forma en que Musk planea construir el futuro de X en la carrera mundial por la inteligencia artificial.
Un duelo para seguir de cerca, porque detrás de esta batalla legal se plantea una pregunta simple pero crucial: ¿quién controlará la próxima generación de agentes inteligentes?