Telegram se enfrenta a una realidad financiera que intentaba mantener a distancia. Cerca de 500 millones de dólares en bonos, en manos de inversores rusos, están actualmente congelados en el depositario central ruso, como consecuencia directa de las sanciones occidentales. Un episodio que pone de relieve la exposición persistente de la plataforma a capitales vinculados a Rusia, a pesar de los esfuerzos repetidos de Pavel Durov por distanciarse.
Una exposición heredada de antiguas emisiones de bonos
Estos bonos forman parte de varias emisiones realizadas en los últimos años, incluida una importante recaudación de 1,7 mil millones de dólares en 2025 destinada a recomprar deuda existente. Según fuentes cercanas a las negociaciones con los inversores, Telegram ya ha recomprado la mayoría de los bonos con vencimiento en 2026. Sin embargo, persiste este remanente de 500 millones de dólares, inmovilizado en el National Settlement Depository ruso, objeto de congelación de activos impuesta por la Unión Europea, Estados Unidos y el Reino Unido desde la invasión de Ucrania en 2022. Mientras estas sanciones sigan en vigor, estos títulos no pueden ser reembolsados normalmente ni ser objeto de operaciones de recompra.
Una situación políticamente sensible para Durov
Este congelamiento es particularmente embarazoso para Pavel Durov, quien ha afirmado durante años que Telegram no tiene ningún vínculo con el Kremlin. El empresario siempre ha rechazado las sospechas de dependencia de Moscú, a las que califica de teorías conspirativas. Telegram también desafía la interpretación alarmista de la situación. La empresa afirma que los bonos en cuestión provienen de una emisión antigua que incluía un número limitado de inversores rusos, que la mayoría de estos títulos ya han sido reembolsados y que la reciente recaudación de 1,7 mil millones de dólares no atrajo capital ruso. También subraya que respeta estrictamente el régimen de sanciones vigente. Concretamente, Telegram indica que reembolsará los bonos a su vencimiento, dejando luego a los intermediarios financieros decidir si los pagos pueden llegar a los tenedores rusos.
IPO, crecimiento y dependencia al toncoin
Este episodio llega en un momento crucial para la empresa. Telegram sigue considerando una salida a bolsa, aunque este proyecto se ve obstaculizado por los procedimientos legales en curso en Francia contra Pavel Durov. Los inversores están siguiendo de cerca estos desarrollos, especialmente porque los bonos ofrecen la opción de conversión a acciones a un precio descontado en caso de salida a bolsa. Financieramente, Telegram muestra un fuerte crecimiento. Los ingresos del primer semestre de 2025 han aumentado más del 65%, impulsados por las suscripciones premium y acuerdos de exclusividad, a menudo relacionados con el ecosistema del toncoin. Pero esta dependencia de la criptomoneda también tiene un costo. La caída del toncoin en 2025 obligó a la empresa a registrar importantes deterioros, afectando el resultado neto a pesar de un sólido beneficio operativo.
Un recordatorio inequívoco del poder de las sanciones
Más allá del caso Telegram, este episodio ilustra un fenómeno más amplio. Incluso las empresas tecnológicas globales, oficialmente separadas de Rusia, siguen expuestas a las consecuencias financieras de las sanciones cuando parte de su base de inversores sigue estando allí arraigada. Para Telegram, el mensaje es claro. El crecimiento está presente, la rentabilidad avanza, pero la herencia financiera y geopolítica del pasado sigue alcanzando a la empresa en el preciso momento en que busca acceder a los mercados públicos.