El dólar alcanzó un mínimo de cuatro meses el lunes, mientras que el oro superó por primera vez la marca simbólica de las 5.000 dólares por onza. En el trasfondo, un espectacular impulso del yen, alimentado por persistentes rumores de una intervención coordinada entre Washington y Tokio en el mercado de divisas.
La divisa japonesa se apreció hasta un 1,6 %, alcanzando las 153,3 yenes por dólar. Un movimiento brusco, en línea con una sesión ya muy agitada el viernes, marcada por el contacto directo de las autoridades estadounidenses con los participantes del mercado. Una señal a menudo interpretada como un preludio a una intervención oficial.
Presión máxima sobre el billete verde
El billete verde no resistió. Frente a un grupo de grandes monedas, el dólar perdió un 0,6 % en la sesión, prolongando una dinámica bajista iniciada la semana anterior. A las recientes preocupaciones geopolíticas se sumaron temores muy concretos sobre un posible cierre del gobierno estadounidense, incitando a los inversores a reducir su exposición al riesgo del dólar.
Esta búsqueda de seguridad benefició en primer lugar a los metales preciosos. El oro subió hasta un 2,7 %, alcanzando un nuevo récord histórico por encima de los 5.100 dólares por onza antes de estabilizarse por encima de los 5.000 dólares. La plata siguió con una subida aún más pronunciada, ganando casi un 15 % en el día para alcanzar los 117,7 dólares por onza, su nivel más alto desde 2008.
El oro en modo refugio activo definitivo, Bitcoin abandonado
El mensaje del mercado es claro: en un entorno percibido como inestable, el precio ya no es un freno. La dinámica del oro se vuelve autosuficiente, impulsada por flujos de protección más que por valoraciones clásicas. Desde el comienzo del año, la plata ahora muestra un aumento de más del 60 %, ilustrando la magnitud del movimiento hacia activos tangibles.
Esta fiebre por los metales refleja un nivel de incertidumbre considerado excepcional por los inversores, entre tensiones geopolíticas, fragilidad presupuestaria estadounidense y mayor volatilidad en el mercado de divisas.
Por su parte, Bitcoin aún no cumple su papel de activo refugio y sigue siendo la oveja negra de los mercados, estancado por debajo de los 90.000 dólares, sin beneficiarse del impulso de los mercados tecnológicos al alza, ni de los metales preciosos en tiempos de miedo.
El yen en el centro del juego macro
La recuperación del yen se produce en un contexto político delicado en Japón. La moneda había tocado anteriormente en enero un mínimo de 18 meses después del anuncio de un masivo plan de estímulo por parte de la nueva primera ministra, Sanae Takaichi. Los mercados temían entonces un dilema clásico: apoyar la moneda con tasas más altas, a riesgo de empeorar la caída del mercado de bonos, o mantener una política acomodaticia en detrimento del yen.
Los movimientos observados el lunes superan con creces lo que se esperaría de una simple intervención verbal. Varios analistas consideran que una acción directa de las autoridades japonesas es plausible, e incluso ya está en marcha. Un escenario reforzado por declaraciones oficiales que sugieren una estrecha coordinación con los Estados Unidos.
Aumento de la volatilidad y mercados en tensión
Sin intervención, tal retroceso del dólar normalmente habría atraído compradores a precios bajos. Sin embargo, la falta de rebote alimenta la idea de que el mercado anticipa una postura firme de las autoridades. Como resultado, la volatilidad implícita en el par dólar-yen alcanza su nivel más alto desde el verano pasado.
Las acciones japonesas también se vieron afectadas. El Nikkei 225 retrocedió un 1,8 %, penalizado por la perspectiva de un yen más fuerte, sinónimo de presión sobre los márgenes de los exportadores.
En este contexto, la señal es clara: el mercado de divisas ha vuelto a ser un campo de batalla macro. Y mientras el dólar siga bajo presión, el oro y la plata podrían seguir desempeñando su papel como barómetro de la desconfianza global.