Represión y miedo: la Venezuela post Maduro

La caída de Nicolás Maduro no ha traído consigo una transición tranquila. Por el contrario, tras su captura por fuerzas estadounidenses, Venezuela ha experimentado una ola de represión brutal, con la detención de periodistas, el despliegue de milicias armadas y un inmediato endurecimiento del control de seguridad en Caracas.

Un poder debilitado que cierra las calles

Desde que se anunció la extracción de Maduro hacia Estados Unidos, las autoridades restantes reaccionaron con fuerza. Se decretó un estado de emergencia que prohíbe cualquier manifestación o expresión pública que pueda interpretarse como apoyo a la operación estadounidense, ordenando el arresto inmediato de cualquier persona sospechosa de promover o aprobar la intervención.

En la capital, milicias paramilitares conocidas como ‘colectivos’ se han desplegado masivamente, armadas y visibles en cada esquina estratégica, estableciendo puntos de control y patrullando en varios barrios, especialmente en el este de Caracas, tradicional bastión de la oposición.

Testigos y ONG locales reportan que las fuerzas de seguridad realizan controles de teléfonos celulares para identificar posibles mensajes, fotos o contenidos considerados favorables a la caída de Maduro, con el objetivo claro de evitar celebraciones y sofocar cualquier intento de movilización popular.

Los periodistas en primera línea

La prensa ha sido uno de los principales objetivos de este endurecimiento. Sindicatos de periodistas informan que al menos 14 profesionales de los medios fueron arrestados temporalmente, la mayoría de ellos trabajando para medios extranjeros. Muchos fueron detenidos cerca de la Asamblea Nacional, durante la toma de posesión de Delcy Rodríguez como presidenta interina.

Los periodistas inicialmente tuvieron permiso para entrar al edificio, pero sin derecho a filmar o transmitir en vivo, antes de ser completamente excluidos. Algunos equipos fueron retenidos durante horas por servicios de contraespionaje militar. En algunos casos, la identidad y ubicación exacta de los detenidos sigue siendo desconocida, y sus familiares temen represalias si hablan en público.

Delcy Rodríguez consolida su poder

‘Delcy Rodríguez… es una de las principales arquitectas de la tortura, la persecución, la corrupción y el tráfico de drogas. Ella es la principal aliada… de Rusia, China e Irán. Por lo tanto, es una persona que no puede inspirar confianza a los inversores internacionales y es rechazada… por el pueblo venezolano.’

María Corina Machado, líder opositora en Fox News

Delcy Rodríguez, ex vicepresidenta y figura central del régimen, ha asumido el cargo en un clima de extrema tensión. Ahora busca consolidar su autoridad sobre un aparato estatal debilitado por la repentina desaparición de su líder histórico. Los embajadores de Rusia, China e Irán han expresado rápidamente su apoyo, destacando la continuidad geopolítica del régimen a pesar del golpe.

La oposición, por su parte, está alertando. María Corina Machado ha calificado la situación de ‘profundamente preocupante’, denunciando una escalada represiva que amenaza cualquier perspectiva de transición democrática creíble. Insiste en que Rodríguez es vista por gran parte de la población como una de las arquitectas del sistema de persecución y corrupción de los últimos años.

Un clima de miedo generalizado

En las calles de Caracas, el miedo es predominante. Los vecindarios antes bulliciosos permanecen desiertos. Los habitantes evitan cualquier muestra de alegría o alivio, conscientes de que cualquier signo de celebración podría ser interpretado como una provocación mortal.

Se han reportado disparos cerca del palacio presidencial, supuestamente presentados como disparos de advertencia relacionados con drones no autorizados. El mensaje es claro: a pesar de la caída de Maduro y la promesa de una transición suave por parte de Trump, el aparato represivo está intacto y el régimen pretende demostrar que aún controla el país.

Lejos de marcar el fin de un ciclo autoritario, la captura de Maduro parece haber desencadenado una fase aún más peligrosa. Para los mercados y las cancillerías, este endurecimiento confirma que el riesgo político en Venezuela está lejos de desaparecer. Simplemente ha cambiado de forma.

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