Vitalik Buterin establece un claro rumbo para el futuro de Ethereum. Según el cofundador del protocolo, la cadena de bloques debe alcanzar un estado de madurez en el que pueda seguir funcionando de manera segura y útil incluso si sus principales desarrolladores dejan de ofrecer grandes actualizaciones. Un objetivo que resume con una expresión simple pero cargada de significado: la “prueba de retirada”.
Un Ethereum capaz de sobrevivir sin sus creadores
En una reciente declaración, Vitalik Buterin explica que Ethereum debe poder sostenerse a sí mismo. La idea no es detener la evolución del protocolo, sino llegar a un punto en el que podría, si fuera necesario, fosilizarse sin poner en peligro las aplicaciones que se basan en él.
Ethereum, según él, debe convertirse en una infraestructura comparable a una herramienta fundamental. Una vez implementada, debe seguir siendo confiable en décadas, sin depender constantemente de decisiones humanas centralizadas. Es una visión a largo plazo, casi filosófica, pero con implicaciones muy concretas en las decisiones técnicas futuras.
La resistencia al cuántico como prioridad absoluta
Entre los proyectos considerados irrenunciables, la resistencia al cómputo cuántico ocupa el primer lugar. Para Vitalik, esperar a que la amenaza sea inminente sería un error estratégico. Los sistemas criptográficos deben ser diseñados desde ahora para resistir a computadoras capaces de romper los esquemas actuales.
El riesgo es existencial. Una ruptura criptográfica obligaría a cambios precipitados, con consecuencias potencialmente catastróficas para los fondos, la seguridad y la confianza en la red. Ethereum debe apuntar a una robustez criptográfica válida durante varias décadas.
Subir a miles de transacciones por segundo
La escalabilidad también es uno de los pilares de la “prueba de retirada”. Ethereum debe poder procesar miles de transacciones por segundo sin comprometer la descentralización ni hacer que la operación de un nodo sea inaccesible.
Vitalik identifica claramente el camino a seguir: validación a través de ZK EVM y muestreo de datos con PeerDAS. El desafío es doble. Aumentar el rendimiento mientras se controla el tamaño del estado y se mantienen tiempos de sincronización aceptables para los validadores.
Seguridad económica y resistencia a la centralización
Más allá del rendimiento, Vitalik insiste en aspectos más sutiles pero igualmente críticos. El modelo de tarifas debe ser resistente a los ataques de denegación de servicio. La economía de la prueba de participación y la construcción de bloques también deben permanecer robustas ante las fuerzas de centralización.
La censura, ya sea económica o política, se identifica como un riesgo estructural a largo plazo. Ethereum debe preservar su neutralidad, incluso bajo presión, y evitar que unos pocos actores dominantes capturen partes clave del sistema.
Una evolución más incremental
El estado final imaginado por Vitalik es el de un Ethereum donde las grandes revoluciones protocolarias se vuelven raras. Las mejoras vendrían principalmente de las actuaciones de los clientes, ajustes de parámetros y optimizaciones progresivas.
Su objetivo es pragmático: marcar al menos una de estas grandes casillas cada año. Sin una ruptura abrupta, sino un avance constante hacia un protocolo lo suficientemente sólido como para que sus creadores puedan, algún día, desaparecer sin debilitarlo.
Con esta “prueba de retirada”, Vitalik Buterin plantea una pregunta central para todo el ecosistema: ¿Está Ethereum destinado a seguir siendo un proyecto permanente o a convertirse en una infraestructura tan confiable y discreta como la electricidad o Internet? Para él, la respuesta debe inclinarse claramente hacia la segunda opción.