Donald Trump está considerando suavizar los aranceles sobre el acero y aluminio, tras aumentos de hasta un 50%, considerados inflacionarios y perjudiciales para los consumidores.
La presión política se intensifica antes de las elecciones intermedias, con el 70% de los estadounidenses percibiendo la economía negativamente y algunos republicanos cuestionando la política arancelaria.
Des derechos de aduana que afectan los precios cotidianos
Se avecina un cambio en el panorama comercial estadounidense. Donald Trump se está preparando para relajar algunos aranceles sobre productos de acero y aluminio, según tres fuentes cercanas citadas por el Financial Times. La administración planea eximir ciertos productos, congelar la expansión de las listas gravadas y realizar investigaciones de seguridad nacional más específicas sobre bienes particulares.
Estos aranceles, algunos de los primeros impuestos durante el segundo mandato de Trump, se habían incrementado hasta un 50% el verano pasado y se habían ampliado a una variedad de productos manufacturados, incluidas lavadoras, hornos, latas de conserva y moldes para tartas. Funcionarios del Departamento de Comercio y de la Oficina del Representante Comercial de EE. UU. ahora consideran que estos aranceles perjudican directamente a los consumidores al aumentar los precios de bienes de uso común.
Una crisis del poder adquisitivo que amenaza las elecciones intermedias
El momento no es casual. Más del 70% de los adultos estadounidenses consideran las condiciones económicas como “pasables” o “malas”, según una encuesta del Pew Research Center publicada este mes. Aproximadamente el 52% de los estadounidenses creen que las políticas económicas de Trump han empeorado la situación.
Con las elecciones intermedias en noviembre, varios republicanos enfrentan campañas difíciles en sus estados, donde el impacto de los aranceles en las pequeñas empresas y el poder adquisitivo se convierte en un tema candente. El miércoles, miembros del propio partido de Trump votaron junto a los demócratas en la Cámara de Representantes para revertir los aranceles sobre Canadá, un raro desafío a la política comercial del presidente. Se espera que Trump imponga su veto.
Un régimen arancelario que se ha vuelto inmanejable
Más allá de la presión política, es la complejidad misma del sistema la que presenta problemas. El proceso de “inclusión”, en el cual las empresas estadounidenses pueden solicitar la imposición de aranceles a productos extranjeros competidores, ha generado una lista tentacular de bienes cotidianos gravados al 50% por su contenido metálico. La excusa de la seguridad nacional ha sido rápidamente utilizada por las empresas.
Un funcionario citado por el FT describe el régimen como “demasiado complicado de aplicar”. Un líder europeo cuenta que una empresa envió cuatro contenedores idénticos de máquinas a los Estados Unidos y se le aplicó un arancel diferente a cada uno.
Las solicitudes de inclusión presentadas en octubre abarcan desde colchones hasta piezas de bicicleta, pasando por moldes para pasteles. Una de ellas argumenta que sin pan, baguettes y muffins, los soldados estadounidenses “no podrán mantener una dieta saludable”, justificando así la calificación de riesgo para la seguridad nacional.
¿Qué consecuencias para los mercados?
El posible suavizamiento beneficiaría a varios socios comerciales de los Estados Unidos, incluido el Reino Unido, México, Canadá y los países de la Unión Europea. Se enmarca en una tendencia más amplia de retroceso de Trump en sus medidas comerciales más agresivas, después de una tregua ya acordada con China.
Para los mercados, esta señal de distensión tiene sus pros y sus contras. Si bien tranquiliza en el frente de la inflación, confirma que la política arancelaria de EE. UU. sigue siendo impredecible, oscilando entre proteccionismo agresivo y retrocesos bajo presión electoral. Un factor adicional de incertidumbre para los activos arriesgados, incluidas las criptomonedas, en un entorno macroeconómico ya tenso.